Danzas de relación: El corazón del carnaval latió en la Plaza de la Paz.

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La Plaza de la Paz se ratificó anoche como el escenario donde el Carnaval de Barranquilla custodia su esencia más pura. En una jornada que se extendió bajo las estrellas, el Festival de Danzas Especiales y de Relación devolvió a la ciudad su memoria histórica, transformando el asfalto en un lienzo de identidad, versos y rituales ancestrales.

La palabra como protagonista

El evento inició con la fuerza de las Danzas de Relación, aquellas donde la tradición oral es el motor. Grupos emblemáticos como el Paloteo Mixto y el Paloteo de Barranquilla hicieron resonar sus maderas en un simulacro de batalla que evocó las gestas de independencia, mientras que la Danza del Golero (o el Gallinazo) cautivó a los asistentes con su mezcla de teatro y danza, narrando con picardía el ciclo de la vida y la muerte.

No faltó el colorido de la Danza de los Pájaros, cuyos integrantes, entre saltos y rimas, recordaron la estrecha conexión de nuestra fiesta con la naturaleza y el entorno del río Magdalena.

Espectáculo, fuego y destreza

A medida que avanzaba la noche, el rigor coreográfico de las Danzas Especiales elevó la energía del público. La aparición de los Diablos Arlequines de Sabanalarga fue, como es costumbre, uno de los momentos cumbre. El brillo de sus espejos, el estruendo de sus cascabeles y el espectáculo de fuego que brotaba de sus bocas recordaron por qué esta manifestación es una joya visual del patrimonio.

Por su parte, la sincronía perfecta de El Gusano y la fuerza ritual de los Indios e Indias de la Reserva demostraron que la técnica y el respeto por el legado no son negociables. La presencia de las Farotas de Talaigua, con su elegante danza de resistencia, cerró con broche de oro una noche donde el público no solo fue espectador, sino testigo de la vigencia de nuestra cultura.

Un balance de excelencia

Para los expertos y hacedores, el festival de anoche no solo fue un éxito en asistencia, sino un triunfo para la salvaguardia. La notable participación de jóvenes en grupos centenarios asegura que el relevo generacional está garantizado. “Anoche vimos que el Carnaval tiene raíz y futuro”, comentaban los asistentes al desalojar la plaza.