
El Carnaval de Barranquilla, reconocido por la UNESCO como Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad, es mucho más que un despliegue de música, danza y tradición. Es también un reto urbano y ambiental que exige coordinación, innovación y compromiso colectivo. En este 2026, la empresa de servicios públicos Triple A ha dado un paso adelante con su estrategia “Carnavalistos”, demostrando que el aseo puede ser parte esencial de la identidad cultural y de la sostenibilidad de la fiesta.
Una operación que trasciende la logística
Con más de 1.600 personas desplegadas y equipos especializados, Triple A garantiza que la ciudad se mantenga limpia antes, durante y después de los desfiles y conciertos. Este esfuerzo no es solo técnico: es un acto de confianza hacia la ciudadanía y los visitantes, que encuentran espacios seguros y ordenados para celebrar. La limpieza se convierte en un componente invisible pero indispensable de la experiencia cultural.

La primera fiesta sostenible de Colombia
La articulación con la Alcaldía y las asociaciones de recicladores convierte al Carnaval en un referente de sostenibilidad. Con 290 recicladores de oficio y más de una tonelada de materiales aprovechables recolectados en los primeros eventos, se consolida un modelo de gestión ambiental que integra inclusión social y responsabilidad ciudadana. El mensaje es claro: cada barranquillero y visitante es parte activa de la cadena de sostenibilidad.
Patrimonio vivo: los “Escobitas” y el Son de negro
El aporte cultural de Triple A se materializa en la participación de los “Escobitas” en la Batalla de Flores, rindiendo homenaje a la danza patrimonial Son de negro. Este gesto convierte a los operarios de aseo en protagonistas de la fiesta, mostrando que la limpieza también puede ser tradición. La música de la Orquesta de Triple A y el apoyo al Premio Ernesto McCausland Sojo refuerzan la idea de que el patrimonio se preserva no solo con desfiles, sino también con crónica, periodismo y memoria.

Una lección para el Caribe y el mundo
La estrategia “Carnavalistos” es un ejemplo replicable: demuestra que las empresas de servicios públicos pueden ser agentes culturales y ambientales, capaces de transformar la manera en que se vive y se recuerda una fiesta. Barranquilla se consolida como la primera ciudad de Colombia en tener una fiesta sostenible, y su Carnaval se proyecta como un modelo internacional de cómo tradición, aseo y sostenibilidad pueden convivir en un mismo escenario.
