El fin de la alianza entre Rusia y Venezuela.

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Con el control que ahora ejerce Estados Unidos sobre el territorio venezolano y su industria energética, la histórica relación estratégica entre Moscú y Caracas ha llegado a un punto de quiebre. Este cambio redefine el equilibrio de poder en América Latina y deja a la Federación Rusa sin su principal plataforma de influencia en el hemisferio occidental.  

Un cambio en las reglas del juego

Tras los eventos de este inicio de año, la presencia rusa en la región se enfrenta a obstáculos que parecen insuperables:

Pérdida de control estratégico: El Acuerdo de Asociación Estratégica firmado en 2025, que buscaba fortalecer la cooperación militar y en seguridad, ha perdido toda validez operativa bajo el nuevo mando en Caracas.  

El petróleo como herramienta de EE. UU.: Al controlar PDVSA y las ventas de crudo, Washington ha desplazado a las empresas rusas de la Faja del Orinoco, cortando una fuente vital de ingresos y de intercambio político para Moscú.  

Aislamiento de aliados regionales: La caída de la estructura de poder anterior deja a países como Cuba y Nicaragua sin el respaldo logístico y económico que fluía a través de la alianza ruso-venezolana.

En definitiva, este 2026 marca el repliegue de Rusia en Sudamérica, mientras Estados Unidos consolida una nueva etapa de control directo sobre los recursos y la política de la zona.