El chavismo y Estados Unidos serán los mejores amigos.

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La relación entre Estados Unidos y el sistema chavista en Venezuela ha trascendido la retórica del conflicto para convertirse en un ejercicio de realismo político extremo. Aunque públicamente se presentan como enemigos ideológicos irreconciliables, existe una red de intereses mutuos que explica por qué, tras años de crisis, el aparato de poder chavista sigue siendo un actor con el que Washington prefiere negociar antes que arriesgarse a un colapso total.

​1. El Control del Territorio frente al Caos

​Para Estados Unidos, la principal prioridad en el hemisferio no es necesariamente la democracia, sino la estabilidad. El chavismo, a través de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), posee el monopolio de las armas y el control social. Washington entiende que la caída abrupta del régimen, sin una transición pactada, podría convertir a Venezuela en un “Estado Fallido” similar a Libia, donde bandas criminales, el narcotráfico y grupos irregulares se disputarían el territorio. Ante esto, el chavismo representa un “interlocutor válido” que, aunque hostil, mantiene el orden interno y previene un vacío de poder que afectaría la seguridad regional.

​2. La Seguridad Energética y Operativa

​El factor petrolero sigue siendo la columna vertebral de este vínculo. Las refinerías estadounidenses en el Golfo de México están diseñadas para procesar el crudo pesado venezolano. Reiniciar la producción a gran escala es más sencillo y rápido utilizando la infraestructura y el personal que ya opera bajo el mando estatal venezolano, en lugar de reconstruir la industria desde cero tras un conflicto bélico. La reciente flexibilidad en las licencias petroleras demuestra que EE. UU. prioriza un suministro estable de energía sobre la pureza ideológica de sus proveedores.

​3. La Paradoja del Dominio y el Pacto

​Una de las grandes interrogantes es si el chavismo pierde su esencia al aceptar las condiciones de Washington. La estrategia actual del poder en Caracas —liderada ahora por figuras que buscan una “Continuidad Administrada”— consiste en cambiar retórica por sobrevivencia. Al aceptar exigencias estadounidenses (como la apertura económica o la entrega de figuras clave), el chavismo obtiene el flujo de divisas necesario para estabilizar el consumo básico de la población.

​Este pacto no significa que pierdan el control; al contrario, les otorga recursos para fortalecer su aparato de control social y neutralizar a la oposición política, la cual pierde relevancia si Washington decide que es más eficiente entenderse con el sector pragmático del chavismo.

​4. Contención Migratoria y Geopolítica Global

​Finalmente, Estados Unidos utiliza la permanencia de un chavismo “reformado” como un dique de contención. Un descalabro total del país dispararía un flujo migratorio que Washington no puede gestionar políticamente. Al mismo tiempo, mantener canales abiertos con Caracas evita que Venezuela se entregue por completo a la influencia militar de Rusia o China.

Conclusión: La conveniencia radica en que ambos se necesitan para evitar el peor escenario del otro: para el chavismo, el peor escenario es la pérdida del poder y la cárcel; para Estados Unidos, es una guerra civil en su patio trasero y un desastre migratorio y energético. En este tablero, el “enemigo conocido” resulta ser el socio más predecible.