
Todo empezó con una decisión de Ecuador que molestó mucho en Colombia, y en menos de un día Colombia contestó fuerte. No es solo una discusión por dinero: hay temas de confianza, seguridad y necesidades reales de cada país. Vamos a verlo paso a paso, sin palabras complicadas.
¿Qué hizo Ecuador primero?
El presidente de Ecuador, Daniel Noboa, dijo el 21 de enero que a partir del 1 de febrero pondrá un impuesto extra del 30% a casi todos los productos que Ecuador compra a Colombia.
¿Por qué? Noboa explica que Colombia no ayuda lo suficiente en la frontera para parar el narcotráfico (tráfico de drogas) y la minería ilegal (extracción de minerales sin permiso). Además, Ecuador compra mucho más a Colombia de lo que vende (hay un desbalance grande en el comercio), y eso le molesta.
Importante: Noboa dejó fuera de ese impuesto la electricidad que Colombia vende a Ecuador, porque Ecuador la necesita mucho.
¿Cómo respondió Colombia?
El ministro de Energía colombiano, Edwin Palma, dijo que esto era un golpe bajo y que rompe la buena relación entre países vecinos. Colombia contestó rápido:
• Suspendió la venta de electricidad a Ecuador (o al menos paró las ventas fáciles que se habían acordado recientemente entre empresas privadas).
• El gobierno dice que ahora prioriza tener suficiente luz para los colombianos, sobre todo porque podría venir un tiempo seco fuerte (como El Niño) que baja el agua en las represas y complica generar electricidad aquí.
Colombia recuerda que ha ayudado mucho: cuando Ecuador tiene sequía y sus represas se vacían, Colombia manda energía que cubre hasta el 10% de lo que usa todo Ecuador en un día. Eso ha evitado apagones allá en momentos difíciles.
¿Quién pierde más?
• Ecuador sale más perjudicado en el corto plazo. Sin la electricidad colombiana, especialmente en épocas secas, podrían tener que apagar luces por horas o gastar mucho más en plantas que usan combustible caro. Además, el impuesto del 30% encarecerá cosas como medicinas, maquillaje, pesticidas y repuestos que vienen de Colombia.
• Colombia pierde dinero por no vender esa energía y por menos comercio, pero no es tan grave porque Ecuador no es su cliente principal. Políticamente, el gobierno colombiano queda bien diciendo: “Nosotros ayudamos, pero si nos atacan, respondemos”.
Es como un juego donde uno tiene algo que el otro necesita mucho más (la luz), y eso hace que la respuesta de Colombia duela más allá.
¿Qué puede pasar después?
Hay dos caminos principales:
1. Se pone peor: Ecuador podría poner más restricciones o buscar electricidad en otro lado (como Perú). Colombia ya habla de poner impuestos del 30% a unos 20 productos ecuatorianos, y podría extenderlo. Eso sería una pelea comercial más grande.
2. Se arreglan hablando: Ambos países son vecinos, comparten frontera larga, historia y muchos lazos (familias, comercio, migración). Los dos gobiernos han dicho que creen en el diálogo. Lo más probable es que en unos días o semanas se sienten a negociar y bajen la tensión, porque nadie gana con apagones o precios más altos para la gente común.
En el fondo, esto muestra un problema más grande en la región: cuando hay desconfianza por temas como las drogas y la frontera, rápido se pasa a castigos económicos. Pero también recuerda que los países dependen unos de otros, y pelearse así termina costando caro a todos.
Por ahora, la situación está caliente, pero la historia entre Colombia y Ecuador suele terminar en acuerdos. Ojalá el diálogo gane pronto.