Donald Trump es el mejor jefe de campaña de Gustavo Petro y del Pacto Histórico.

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La relación diplomática entre Colombia y Estados Unidos ha alcanzado en enero de 2026 su punto más crítico en décadas. Lo que comenzó como una serie de ataques retóricos se ha transformado en una crisis de soberanía tras las declaraciones de Donald Trump a bordo del Air Force One. Sin embargo, detrás de la explosividad de los titulares, existe una mecánica política donde ambos mandatarios parecen alimentarse mutuamente.

​El detonante: El micrófono en las nubes

​El pasado 4 de enero, mientras el Air Force One regresaba a Washington tras la exitosa operación militar que culminó con la captura de Nicolás Maduro, la periodista Darlene Superville de la agencia Associated Press (AP) lanzó la pregunta que cambió el tablero. Al consultar sobre el futuro de la región, Trump no solo calificó a Gustavo Petro como un “hombre enfermo” y lo acusó de liderar un narco-estado con “fábricas de cocaína”, sino que, ante la posibilidad de una operación militar similar a la de Venezuela, respondió con un seco: “Me suena bien”.

​Esta interacción no fue casual. Periodistas experimentadas como Superville, o corresponsales hispanas como Claudia Uceda y Janet Rodríguez de Univisión, saben que Petro es el antagonista ideal para el discurso de Trump. Al preguntarle por Colombia, obtienen una respuesta sin filtros que garantiza impacto global, pero que también activa un mecanismo de defensa en Bogotá.

​Petro y el “Efecto Bandera”

​Como bien has analizado, estas agresiones externas le han dado a Petro un tanque de oxígeno político. En lugar de responder por la economía o la seguridad interna, el mandatario colombiano ha convocado a una marcha nacional este 7 de enero de 2026, bajo la premisa de defender la soberanía.

​Al sugerir que “tomaría de nuevo las armas” y ordenar a la Fuerza Pública que priorice la bandera nacional sobre la estadounidense, Petro utiliza a Trump como el “enemigo externo” necesario para unir a la izquierda y a los sectores nacionalistas. Para Petro, Trump es el villano perfecto que le permite victimizarse; para Trump, Petro es el ejemplo del “socialismo radical” que usa para asustar a su electorado en Florida.

​¿Un error de cálculo de Trump?

​Existe una contradicción evidente en la estrategia de Washington. Al atacar de forma tan personal y amenazar con intervenciones, Trump está logrando lo contrario a su objetivo declarado (debilitar a Petro):

  1. Fortalece la base de Petro: Le da una narrativa heroica de resistencia.
  2. Invalida a la oposición colombiana: Los críticos de Petro en Colombia quedan atrapados; si apoyan a Trump, son vistos como traidores a la patria; si defienden a Petro, parecen aliados de su gestión.
  3. Alimenta la izquierda regional: Crea un sentimiento anti-estadounidense que Petro intenta extender a toda Latinoamérica, pidiendo una unión contra lo que llama el “esclavismo”.

​Conclusión

​Aunque los periodistas cumplen con su labor de informar sobre las intenciones del hombre más poderoso del mundo, el resultado es un círculo vicioso. Trump, al no tener a nadie en su círculo cercano que lo invite a la moderación, sigue lanzando combustible a una hoguera que Petro usa para mantenerse vigente. En este escenario, la pregunta en el avión no fue solo periodismo, sino el inicio de una nueva etapa de confrontación donde el mayor beneficiado, paradójicamente, podría ser el mismo Petro al recuperar el fervor de las calles.