Dinamarca envía tropas a Groenlandia en plena disputa por el Ártico.

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El aterrizaje de fuerzas militares danesas en Nuuk, capital de Groenlandia, marca un giro en la disputa por el Ártico. Dinamarca decidió reforzar su presencia en la isla, acompañada por contingentes de Francia, Alemania y Suecia, en un movimiento que busca enviar un mensaje claro de soberanía frente a las presiones de Estados Unidos.

Groenlandia, aunque autónoma, sigue bajo la corona danesa y se ha convertido en un territorio codiciado por su ubicación estratégica y sus recursos minerales. Washington ha insinuado en varias ocasiones su interés en controlar o incluso adquirir la isla, lo que generó alarma en Copenhague y en el propio gobierno local.

La presencia militar europea no pretende igualar fuerzas con Estados Unidos, sino mostrar que cualquier intento de presión o invasión tendría consecuencias diplomáticas y estratégicas. Es un aviso preventivo: Groenlandia no está sola.

Para el gobierno groenlandés, la llegada de tropas es un recordatorio de que las decisiones sobre su futuro se siguen tomando fuera de la isla. Al mismo tiempo, refuerza su discurso de autodeterminación y podría acelerar aspiraciones independentistas.

Lo que está en juego va más allá de la nieve y el silencio ártico: rutas marítimas, minerales críticos y la estabilidad de la OTAN. El Ártico deja de ser periferia y se convierte en el escenario donde se cruzan las grandes disputas del siglo XXI.