
En un giro inesperado que marca el fin de una era de paciencia en los diálogos de paz, el presidente Gustavo Petro ordenó el primer bombardeo aéreo contra el Ejército de Liberación Nacional (ELN) durante su mandato, en la convulsa región del Catatumbo. La operación, ejecutada por las Fuerzas Militares el 4 de febrero, dejó al menos siete guerrilleros muertos, uno capturado y material incautado, incluyendo fusiles, explosivos y drones. Este hecho, que coincide con la reciente reunión entre Petro y el presidente estadounidense Donald Trump en Washington, ha generado especulaciones sobre presiones externas y el agotamiento de la estrategia de “paz total”.
La crisis humanitaria en el Catatumbo: El Detonante Inmediato
La decisión llega en medio de una crisis humanitaria en el Catatumbo, fronterizo con Venezuela, donde municipios como El Tarra y Tibú han sido escenario de una guerra abierta entre el ELN y disidencias de las FARC por el control de rutas de narcotráfico y cultivos de coca. Según reportes oficiales, esta confrontación ha causado más de 200 asesinatos de campesinos en el último año, desplazamientos masivos de decenas de miles de personas y crímenes de guerra que Petro ha calificado como “delitos de lesa humanidad”.
“Hace tres años se le propuso al ELN un proceso de paz. Nos respondió hace un año asesinando 200 campesinos en el Catatumbo”, expresó el mandatario en una publicación en X, justificando la acción militar.
El cambio de estrategia: Del diálogo a la acción militar
El bombardeo representa un endurecimiento notable en la postura de Petro, quien durante los primeros años de su gobierno (2022-2025) priorizó el diálogo sobre la confrontación armada. Su política de “paz total” incluyó ceses al fuego prorrogados, mesas de negociación en La Habana y México, y una limitación estricta a los bombardeos aéreos para evitar daños colaterales a civiles y menores reclutados.
Sin embargo, los diálogos con el ELN se suspendieron en enero de 2025 ante la falta de avances y la escalada de violencia, que no cedió pese a las advertencias. Ataques con drones contra tropas en Tibú en enero de 2026, paros armados y confinamientos de comunidades agravaron la situación, obligando al gobierno a actuar.
El timing: La reunión Petro-Trump y la presión internacional
Analistas coinciden en que el timing del operativo no es casual: ocurrió apenas un día después de la reunión bilateral entre Petro y Trump el 3 de febrero en Washington. En ese encuentro, enfocado en cooperación contra el narcotráfico y el crimen organizado, Colombia entregó una lista de “capos de capos”, incluyendo líderes del ELN como alias “Pablito”, de disidencias FARC como “Mordisco” y del Clan del Golfo como “Chiquito Malo”. Ambos países acordaron priorizar la neutralización de objetivos de alto valor en la frontera colombo-venezolana, con acciones conjuntas en menos de dos meses.
Aunque no hay evidencia de una “orden” directa de Estados Unidos para terminar la “paz total” o bombardear al ELN –como circulan rumores en redes sociales–, la correlación temporal ha alimentado interpretaciones de que Petro cedió a presiones para mostrar resultados rápidos en la lucha antinarcóticos.
Opiniones y justificaciones: ¿Un Pragmatismo Forzado?
“Petro se está parando en la raya ahora porque la paciencia se agotó”, opina el analista político Ariel Ávila, de la Fundación Paz y Reconciliación. “Antes evitaba escaladas para mantener viva la mesa de paz y proteger a civiles, pero la realidad en el terreno –con el ELN más enfocado en el ‘traqueteo’ que en la ideología– y los acuerdos con Trump lo obligaron a un pragmatismo forzado”.
El presidente, por su parte, enfatizó que se verificó la ausencia de menores en el objetivo y usó el bombardeo para presionar al ELN: “Desnarcotícense, entreguen su infraestructura narco y acepten verificación internacional”, instó en declaraciones públicas.
Implicaciones para la paz total y el Futuro
Este episodio marca el decimocuarto bombardeo del gobierno Petro contra grupos armados en general, pero el primero específico contra el ELN, señalando un posible viraje en la estrategia de seguridad. Mientras opositores como el uribismo celebran el “endurecimiento”, sectores de izquierda critican el aparente alineamiento con Washington, recordando que la “paz total” era el pilar ideológico del Pacto Histórico. El futuro de los diálogos permanece incierto, pero la acción militar envía un mensaje claro: el diálogo tiene límites, y la violencia en el Catatumbo ya no será tolerada sin respuesta.