
Las playas de Santa Marta, conocidas por ser el orgullo turístico de Colombia, vivieron un lunes para el olvido. Tras un fin de semana de lluvias intensas y constantes, el paisaje de arena blanca y aguas cristalinas fue reemplazado por una alfombra de desechos que se extendió por varios kilómetros. El impacto visual ha generado una profunda preocupación entre residentes, comerciantes y turistas que visitan la zona.
El recorrido de los desechos
El gran responsable de esta situación es el río Manzanares. Debido a las fuertes precipitaciones, el caudal del río aumentó considerablemente, actuando como una “escoba gigante” que recogió todo a su paso. Lamentablemente, el lecho del río se ha convertido con el tiempo en un depósito de basura acumulada, y toda esa carga fue arrastrada con violencia hacia la desembocadura.
Plásticos, maderas, restos de electrodomésticos y una cantidad alarmante de envases de un solo uso viajaron por la corriente hasta llegar al océano. Sin embargo, el mar no conservó los residuos; la fuerza de las mareas se encargó de devolver cada objeto a la orilla, dejando las playas más populares de la ciudad totalmente inhabilitadas para el uso recreativo.
Un golpe al turismo y al ecosistema
Esta emergencia no solo representa un desastre visual, sino que pone en jaque la economía local. Santa Marta depende en gran medida del turismo, y ver sus costas convertidas en un vertedero improvisado aleja a los visitantes y afecta a los negocios de la zona.
Además, el daño ambiental es incalculable. Muchos de estos residuos, antes de ser devueltos por la marea, entran en contacto con la fauna marina, poniendo en peligro a especies locales y contaminando el ecosistema costero. Las autoridades ambientales ya se encuentran evaluando la magnitud de los daños, mientras se organizan jornadas de limpieza para intentar recuperar la belleza de la bahía.
El llamado a la conciencia ciudadana
Lo ocurrido este lunes es un recordatorio urgente sobre la gestión de residuos en la ciudad. Los expertos señalan que, aunque la lluvia es un fenómeno natural, la cantidad de basura en el río es una responsabilidad compartida. Si los desechos se depositaran en los lugares correctos y no en las riberas del Manzanares, estas imágenes de devastación no se repetirían cada vez que llega la temporada invernal.
La recuperación de las playas tardará varios días de trabajo intenso, pero el verdadero reto será evitar que la próxima tormenta vuelva a empañar el brillo de la Perla de América.