La tragedia de Córdoba: negligencia anunciada por la UNGRD.

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Lo que hoy vive el departamento de Córdoba no es un “desastre natural” en el sentido estricto de la palabra; es el resultado de una omisión estatal sistemática. Mientras miles de familias en Montería, Lorica y Tierralta ven cómo el agua del Sinú y el San Jorge devora sus hogares y cultivos, queda claro que la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) falló en su misión más elemental: proteger la vida y el patrimonio de los colombianos.

La parálisis que nos inundó

La crisis actual no empezó con las lluvias de febrero de 2026. Empezó con la parálisis administrativa en la que cayó la UNGRD tras los escándalos de corrupción que sacudieron a la entidad en años anteriores. Mientras los despachos en Bogotá se llenaban de auditorías y procesos judiciales, los jarillones y muros de contención en Córdoba se llenaban de grietas.

Es inaceptable que, contando con mapas de riesgo que señalaban los 206 puntos críticos del río Sinú, la ejecución de obras preventivas haya sido nula durante 2025. El Estado abandonó la prevención para dedicarse a la reacción, y hoy esa factura la pagan los campesinos cordobeses.

El embalse de Urrá: ¿Excusa o detonante?

Si bien es cierto que la represa de Urrá llegó a su límite, la responsabilidad de la UNGRD es indelegable. Una gestión del riesgo eficiente habría coordinado una evacuación preventiva y el reforzamiento de las riberas mucho antes de que el embalse se viera obligado a soltar caudales superiores a los 1,000 m³/s. No se puede culpar únicamente al clima o a una infraestructura hidroeléctrica cuando la institución encargada de la prevención no movió una sola piedra para mitigar el impacto río abajo.

¿Quién responde por Córdoba?

Hoy hablamos de más de 120,000 damnificados y una economía regional herida de muerte con 35,000 hectáreas bajo el agua. La entrega de kits de alimentos y colchonetas —la táctica de “bombero” a la que nos tiene acostumbrados la UNGRD— es apenas un paño de agua tibia ante una herida profunda.

Preguntas:

  • ¿Por qué no se ejecutaron los presupuestos de mitigación asignados para el Bajo Sinú en 2025?
  • ¿Dónde quedaron las alertas tempranas que debieron evacuar a las familias antes del rebose de la represa?
  • ¿Cuál es el plan real para cerrar de una vez por todas las heridas abiertas en puntos como “Cara de Gato”?

La naturaleza hizo su parte, pero fue la negligencia institucional la que permitió que el agua les quitara todo. Ya no basta con visitas de funcionarios con botas pantaneras; Córdoba exige obras, transparencia y, sobre todo, una gestión del riesgo que deje de ser un nido de burocracia para convertirse en un escudo para la gente.