La gran vergüenza de Santa Marta con la basura en sus playas.

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La “Perla de América” enfrenta hoy uno de sus mayores desafíos históricos, pero no se trata de economía ni de infraestructura vial, sino de un problema de higiene básica que ha escalado a niveles de vergüenza internacional. Santa Marta, mundialmente famosa por sus atardeceres y la Sierra Nevada, está perdiendo la batalla contra la basura en sus costas.

Una ciudad pequeña con un problema gigante

Resulta difícil de entender cómo una ciudad que no alcanza el millón de habitantes no ha logrado establecer un control eficiente sobre sus residuos. A diferencia de las grandes metrópolis del mundo con poblaciones masivas, Santa Marta tiene una escala manejable. Sin embargo, la falta de una logística robusta y de autoridad constante ha permitido que los desechos le ganen terreno al mar.

El descontrol en la arena

El foco de la indignación radica en la falta de vigilancia. Mientras que otros destinos turísticos del mundo protegen sus playas como su activo más valioso, en Santa Marta la entrada de plásticos, icopor y vidrios a la zona de bañistas parece no tener filtro. No existe un sistema de sanciones riguroso ni una presencia permanente de guardabosques o autoridades que impidan que el ciudadano o el turista conviertan la arena en un vertedero.

Ríos de basura hacia el mar

El problema no solo nace en la playa. La falta de educación ambiental en los barrios y un sistema de alcantarillado que colapsa con cada lluvia, provoca que los ríos que atraviesan la ciudad se conviertan en cintas transportadoras de basura. Todo lo que se tira en la calle en las zonas altas termina, irremediablemente, flotando en la Bahía o en El Rodadero.

Un llamado urgente a la gestión

Para una ciudad cuya economía depende vitalmente del turismo, permitir este espectáculo de suciedad es un “suicidio” comercial. La comunidad y los gremios exigen que la administración local pase de las promesas a las acciones: mayor frecuencia en la recolección, multas reales para quienes contaminen y una infraestructura que impida que los desechos lleguen al océano. Santa Marta no puede seguir siendo noticia por su basura, sino por la belleza que siempre la caracterizó.