
El ministro del Interior, Armando Benedetti, lanzó un ataque directo y virulento contra el general (r) Edwin Urrego el 12 de febrero de 2026. En un mensaje público, lo llamó “cobarde” y aseguró que su retiro de la Policía no tiene nada que ver con el allanamiento a su casa en noviembre de 2025, sino con un supuesto “informe de inteligencia” que lo vincula a un plan para “entrampar” al presidente Gustavo Petro: plantar sustancias psicoactivas en uno de sus vehículos antes de la reunión con Donald Trump. Benedetti fue más allá: acusó a Urrego de “prestarse para delinquir”, de tomar partido político y de irregularidades en su paso por la DIJIN y la POLFA.
Acusaciones graves, pero sin evidencia pública
Hasta el momento, ni Petro ni Benedetti han mostrado ese famoso informe de inteligencia. Urrego lo ha calificado de “locura”, “desinformación” y “datos falsos”. Se ha ofrecido a pasar el polígrafo, ha negado cualquier cercanía con el esquema presidencial y ha anunciado acciones legales. El retiro se formalizó el 11 de febrero mediante decreto (llamamiento a calificar servicios), justo después de que Petro lo mencionara en el Consejo de Ministros en Montería. Para muchos, las acusaciones suenan más a ajuste de cuentas por el allanamiento judicial (orden de la Corte Suprema) que a una prueba irrefutable de complot.
Córdoba bajo el agua: la verdadera emergencia
Mientras Benedetti y Petro centran la atención en este escándalo, Córdoba vive una catástrofe sin precedentes. Más de 140.000 a 156.000 damnificados, 80% del departamento inundado, 24 de 30 municipios afectados, al menos 14 muertos, miles de viviendas destruidas y pérdidas millonarias en ganadería y cultivos. El río Sinú, el San Jorge y el Canalete se desbordaron por La Niña y frentes fríos atípicos. Montería tiene barrios enteros bajo agua hasta el pecho. El Consejo de Ministros del 10 y 11 de febrero se convocó precisamente para atender esta crisis, pero terminó dominado por otros temas.
El timing perfecto: ¿cortina de humo?
El retiro de Urrego y las acusaciones explosivas de Benedetti coinciden exactamente con la peor emergencia invernal en décadas en Córdoba. Petro declaró emergencia económica para desbloquear recursos, pero críticos señalan que el Gobierno ha dedicado más energía a señalar “enemigos” internos (el general, supuestos complots) que a coordinar ayudas inmediatas, reubicaciones y atención a las familias damnificadas. En redes y medios locales del Caribe, el comentario es recurrente: “Mientras Córdoba se ahoga, Petro y Benedetti abren otro frente de guerra”. El escándalo desplaza del primer plano la lentitud en la respuesta, las críticas a la UNGRD por corrupción pasada y la falta de articulación con alcaldes de municipios más golpeados.
Lo personal y lo político se mezclan
El choque Benedetti-Urrego tiene raíces claras en Barranquilla (el allanamiento, drones, helicópteros, roces previos). Pero elevarlo a “complot contra el presidente” justo cuando el país mira con angustia las inundaciones en Córdoba genera una percepción muy fuerte: que se busca distraer, tapar la insuficiencia en la gestión de la crisis y mantener el foco en “ataques externos” en vez de en soluciones concretas para miles de familias que lo perdieron todo.
Si no aparece pronto el famoso informe de inteligencia o una investigación formal con pruebas, la narrativa de la cortina de humo ganará aún más fuerza en la opinión pública caribeña. Córdoba no puede esperar más titulares.