
En la carrera por la Casa Nariño 2026, los debates han dejado de ser simples espacios de propuestas para convertirse en un campo de batalla táctico. La reciente declaración de Abelardo de la Espriella, condicionando su asistencia a que Iván Cepeda esté presente, ha puesto sobre la mesa una pregunta clave: ¿Quién gana y quién pierde cuando un candidato pone condiciones para hablar?
1. El “Todo o Nada” de De la Espriella
Al decir que solo irá si está Cepeda, De la Espriella no está siendo caprichoso; está aplicando una estrategia de polarización. Él sabe que su electorado busca la confrontación directa con la izquierda que representa Cepeda. Al ignorar a otros candidatos como Paloma Valencia o Sergio Fajardo, De la Espriella intenta decirle al país: “La pelea es entre él y yo; los demás no cuentan”.
2. El silencio estratégico del puntero
Del otro lado está Iván Cepeda. Como líder en las encuestas, el manual de política básica dice: “Si vas ganando, no te arriesgues”. Para un favorito, un debate es un campo minado donde un mal gesto o un dato mal dado puede tumbarle puntos. Cepeda sabe que todos los dardos irán hacia él, por lo que su “timidez” para confirmar asistencia es una forma de cuidar su ventaja.
3. ¿Qué pasa con el negocio de la audiencia?
Aquí entran los medios. Para un canal de televisión, un debate entre De la Espriella y Cepeda es el equivalente a un “clásico” de fútbol: genera rating, pauta publicitaria y clics. Si los candidatos no van, el medio pierde dinero y relevancia. Por eso, la presión de los medios para que asistan es feroz, pues el espectáculo político es, al final del día, un gran producto comercial.
4. El riesgo de la “Silla Vacía”
Aunque no sea obligatorio ir, el costo de imagen es alto. Ver un podio vacío con el nombre de un candidato transmite un mensaje de soberbia o de miedo. En una elección que se perfila tan apretada, ese “asiento vacío” podría ser el empujón que necesitan los indecisos para cambiar de bando.
En conclusión: Los debates hoy no se tratan de quién tiene el mejor plan de gobierno, sino de quién logra manejar mejor el miedo al error. De la Espriella quiere el choque porque necesita subir; Cepeda evita el choque porque necesita mantenerse. Mientras tanto, el ciudadano queda a la espera de ver si, más allá de los ataques, alguien se atreverá a soltar una propuesta clara.