
En el debate sobre por qué se encarece la vivienda y los créditos en Colombia, Camacol ha tomado partido de forma clara: no culpa al Banco de la República, sino que le pone el foco al Gobierno. La lógica del gremio es económica, política y, sobre todo, de narrativa: quiere que el banquero central salga indemne y que el Gobierno asuma la responsabilidad por las finanzas públicas.
Lo que dice Camacol en pocas palabras
Camacol sostiene que el Banco de la República no es el “culpable” de que las tasas de interés estén altas ni de que la vivienda se haya vuelto más cara. Lo que sí reconoce es que, con tasas más altas, comprar casa se complica para muchas familias. Sin embargo, el gremio insiste en que el verdadero origen del problema está en el mercado de deuda pública, el déficit fiscal y la confianza en las cuentas del Estado, no en decisiones caprichosas del banco central.
En sus comunicados, el gremio recalca que el BanRep fija la tasa de intervención para controlar la inflación, pero que las tasas hipotecarias dependen, en última instancia, de cuánto cuesta al Gobierno financiarse en el mercado. Si el Gobierno paga más por sus bonos, los bancos también cobran más por los créditos, y eso termina presionando al comprador de vivienda.
¿Por qué defender al Banco de la República conviene a Camacol?
Defender al Banco de la República le sirve a Camacol por varias razones. En primer lugar, le permite apartar del centro del escándalo la política monetaria –algo técnico y complejo– y colocar allí la política fiscal y la deuda pública, que son decisiones directamente del Gobierno. Así, el gremio puede decir: “El banco central está haciendo su trabajo, el problema es que el país se está endeudando mucho y eso encarece todo”.
En segundo lugar, al proteger la independencia del Banco de la República, Camacol evita que el Gobierno lo use como chivo expiatorio de la crisis de vivienda. Si el narrador fuera que el BanRep “subió tasas sin razón”, el gremio podría verse obligado a criticar también al banco. En cambio, con su postura actual, puede alinearse con los economistas de mercado que defienden la autonomía del banco y señalar que bajar tasas a la fuerza puede traer más inflación y mayor descontrol financiero.
El mensaje político: aquí el problema es fiscal
Bajo la superficie de las cifras, hay un mensaje político claro: Camacol está diciendo que el problema de la vivienda no se resuelve gritándole al Banco de la República. Para el gremio, la clave está en reducir el déficit fiscal, controlar el crecimiento de la deuda y mejorar la confianza en las finanzas públicas. Si eso no pasa, aseguran, las tasas seguirán altas sin importar lo que el banco central decida.
Ese mensaje también sirve como contraargumento frente a las críticas del presidente Petro contra el BanRep. En lugar de quedarse en un debate polarizado de “banco sí, banco no”, Camacol intenta trasladar la discusión a un terreno más técnico: el mercado de bonos, el riesgo país y la sostenibilidad de la deuda.
¿Qué gana el lector con esta pelea?
Para el ciudadano que mira desde afuera, el ejercicio de Camacol es útil porque rompe la idea de que el Banco de la República es “el malo” de la película. En vez de eso, plantea que el encarecimiento de la vivienda es el resultado de varias decisiones: fiscales, de deuda y de política macroeconómica. Eso no quita que el banco central tenga responsabilidad en la inflación, pero sí cambia el foco: ya no es solo una autoridad la que decide si compras casa o no, sino un sistema más amplio.
En última instancia, la defensa de Camacol al Banco de la República es también una forma de recordar que, en economía, casi nunca hay héroes ni villanos simples: hay equilibrios, decisiones difíciles y consecuencias que se pagan en el bolsillo de las familias.