Las escobistas de la Triple A. Los héroes después de los desfiles.

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Mientras los ecos de los tambores se desvanecen y la última flauta de millo calla en la madrugada barranquillera, una nueva “comparsa” se toma la Carrera 44. No visten lentejuelas ni portan faroles, pero su uniforme azul destaca bajo los postes del alumbrado público. Son los escobistas de la Triple A, los héroes anónimos que logran el milagro de devolverle a la ciudad su pulcritud tras el derroche de alegría de la Guacherna.

La otra cara de la fiesta

La Guacherna es, por definición, un desborde de euforia. Sin embargo, ese rastro de espuma, envases y confeti que queda sobre el asfalto representa el desafío más grande para el equipo operativo de aseo. Cuando el público se retira a descansar, cientos de hombres y mujeres inician una jornada maratónica. Su misión es clara: que Barranquilla despierte como si la fiesta nunca hubiera ocurrido, o mejor aún, lista para que la alegría vuelva a empezar.

Manos que restauran la ciudad

La labor de la Triple A va más allá de la recolección; es un ejercicio de logística y compromiso ciudadano. Entre el sonido de las escobas rozando el pavimento y el rugir de los camiones compactadores, estos trabajadores demuestran que el Carnaval también es disciplina.

  • Esfuerzo humano: Brigadas que recorren kilómetros lineales de desfile en tiempo récord, uniformados con el azul que simboliza el servicio a la ciudad.
  • Logística impecable: Una coordinación precisa que permite habilitar las vías principales antes de que salga el primer rayo de sol.
  • Sentido de pertenencia: El orgullo de saber que, gracias a ellos, la “Puerta de Oro” conserva su belleza a pesar del caos festivo.

Un llamado a la conciencia

Celebrar la labor de estos héroes es también una invitación a la reflexión. Detrás de cada calle limpia hay un ser humano que ha pasado la noche en vela para que el resto de la ciudad amanezca impecable. Reconocer su trabajo en la Guacherna es entender que la verdadera cultura ciudadana consiste en disfrutar de la fiesta sin olvidar que el respeto por el entorno es el mayor acto de amor por nuestra “Curramba”.

Aplaudimos a la “marea azul” que, con escoba en mano, garantiza que la magia del Carnaval no se empañe. Ellos son, sin duda, los últimos guardianes de la tradición.