
Cronica por: Marlon Mayans
Mientras los ecos de los tambores se desvanecen y la última flauta de millo toma un descanso para continuar con su maratón carnavalero, en horas de la madrugada barranquillera, una nueva “comparsa” se toma las vías donde los desfiles deslumbraron al público presente. No visten trajes de fantasías ni de cumbiamba ni portan faroles, pero su uniforme azul destaca bajo los postes del alumbrado público. Son los escobitas de la Triple A, los héroes silenciosos que trabajan arduamente para devolverle a la ciudad su pulcritud y elegancia tras el derroche de alegría de la Guacherna.
Los desfiles cuentan con gran asistencia de espectadores que producen toneladas de basura. Espuma, envases, etc, que queda sobre el asfalto representa el desafío más grande para este equipo operativo de aseo. Cuando el público se retira a descansar, cientos de hombres y mujeres inician una jornada maratónica. Su misión es clara: que Barranquilla despierte como si la fiesta no hubiera pasado y dejar lista a Barranquilla para que la alegría vuelva a empezar.
Y esto no es un trabajo nada fácil; es un trabajo de logística y compromiso, en donde el sonido de las escobas rozando el pavimento y el rugir de los camiones compactadores, reemplazan el sonido de las tamboras de la cumbia demostrando que el Carnaval para ellos también es disciplina.
Estas escobitas recorren kilómetros en tiempo récord, uniformados con el azul que simboliza el servicio a Barranquilla. Una coordinación precisa que permite habilitar las vías por donde pasaron los desfiles antes de que salga el primer rayo de sol. El orgullo de saber que, gracias a ellos, la “Puerta de Oro” conserva su belleza a pesar de las festividades
Pero a pesar de esta gran labor de las escobitas hay que decir una vaina también, que nos falta más conciencia para no arrojar basura.
Por eso que cuando asistas a estos desfiles no olvides que detrás de cada calle limpia hay un ser humano que no disfruta de los carnavales muchos lo hacen y que ha pasado la noche en vela para que el resto de la ciudad amanezca impecable.
Reconocer su trabajo es entender que la verdadera cultura ciudadana consiste en disfrutar de la fiesta sin olvidar que el respeto por el entorno es el mayor acto de amor por nuestra Barranquilla.
Aplaudo a esta “marea azul” que, con escoba en mano, garantiza que la magia del Carnaval no se empañe. Ellos son, sin duda, los grandes guardianes de Barranquilla que en tiempos de fiestas es donde más hacen presencia y sin que lo notemos.