¡El Carnaval se respeta!: Respuesta a la visión sesgada de la BBC.

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El reciente análisis publicado por la BBC sobre el Carnaval de Barranquilla parece haber caído en la trampa del reduccionismo sociológico. Al intentar pintar la fiesta más grande de Colombia bajo un filtro de “lucha de clases” y “dinastías políticas”, el medio británico olvida un factor pragmático que cualquier barranquillero comprende: el Carnaval, en su máxima escala, es una proeza logística y financiera que requiere mucho más que un apellido.

El costo de la corona: Lo que la BBC no sumó

La BBC califica la elección de la Reina del Carnaval como un ejercicio de dominación de las élites, pero ¿se detuvieron a calcular lo que implica sostener el espectáculo? Ser Reina del Carnaval no es un privilegio pasivo; es un cargo ejecutivo de alta responsabilidad financiera.

  • Vestuario de Alta Costura: No se trata de simples disfraces. Una soberana requiere decenas de ajuares reales, incluyendo el vestido de coronación y el de la Batalla de Flores, que son obras de arte de ingeniería textil. Cada uno puede costar decenas de millones de pesos.
  • Logística y Comitiva: La reina debe garantizar la seguridad, el transporte, la hidratación y el vestuario de una comitiva que la acompaña durante meses de pre-carnaval y carnaval.
  • Eventos y Carrozas: La construcción de una carroza monumental para la Vía 40 corre, en gran medida, por gestión de la casa real.
  • Producción de espectáculos: La Lectura del Bando y la Coronación son shows de talla internacional que requieren coreógrafos, bailarines profesionales, luces y sonido de última generación.

¿Dominación o gestión privada?

Criticar la “aceptación” del barranquillero ante estas dinastías, como lo hace la BBC, es desconocer que la ciudadanía prefiere una fiesta fastuosa y bien financiada. La realidad es que, a día de hoy, el Estado no podría cubrir el 100% de los gastos que una Reina de la “élite” asume con su patrimonio familiar y sus patrocinadores privados.

Sin esa inversión privada de las familias tradicionales, el Carnaval perdería la escala global que le ha permitido ser Patrimonio de la Humanidad. El medio internacional prefiere hablar de “apellidos” antes que reconocer que estas familias actúan, en la práctica, como los mayores mecenas de la cultura local.

Una visión desconectada

Es fácil señalar la desigualdad desde un escritorio en Londres, pero es difícil organizar una fiesta de cuatro días que mueve a millones de personas. El Carnaval no es solo una “fotografía de la sociedad”; es un organismo vivo donde conviven el Reinado Popular (la esencia del barrio) y el Reinado Central (el espectáculo masivo).

Atacar la estructura del Carnaval sin proponer una alternativa financiera para mantener su calidad es, simplemente, periodismo de superficie que ignora el esfuerzo detrás de la alegría.