
En una demostración de eficiencia logística sin precedentes, el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez ha pasado de ser un templo del fútbol a una megaconstrucción en cuestión de minutos. El cierre del estadio no fue un proceso gradual; fue una transición eléctrica. Mientras la afición aún desalojaba las tribunas comentando las jugadas del último encuentro, las puertas de maratón se abrieron para dar paso a la maquinaria pesada.
Este despliegue inmediato no es solo una cuestión de tiempos; es un mensaje de ambición para Barranquilla y para toda Colombia. La imagen de las excavadoras surcando el césped que minutos antes pisaban los jugadores marca el inicio de una cirugía mayor que cambiará para siempre la fisonomía del “Coloso de la Ciudadela”.
La ingeniería detrás del sueño: ¿Por qué bajar 4 metros?
El núcleo de esta transformación radica en un movimiento de tierra masivo. Descender el nivel de la cancha 4 metros es una decisión estratégica que permitirá:
- Eliminar la barrera visual: Al bajar el campo, se crean nuevos niveles de profundidad para extender las tribunas hacia abajo, logrando que el hincha esté “encima” del juego, al mejor estilo de los grandes estadios europeos y argentinos.
- Optimización acústica: Una cancha más baja y rodeada de graderías generará una “olla a presión” sonora, donde el aliento de los 60,000 espectadores se sentirá con una intensidad nunca antes vista.
Un complejo arquitectónico integral
Más allá del concreto y el césped, la obra busca dignificar la historia del deporte. Con el Metro cerrado “con toda”, los operarios trabajan simultáneamente en:
- La Zona de Confort: Remodelación total de baños y zonas comunes para que el espectador viva una experiencia de lujo.
- El Corazón Técnico: Camerinos y túneles de acceso diseñados bajo los más estrictos manuales de la FIFA, garantizando que Barranquilla siga siendo la sede indiscutible de las grandes citas internacionales.
- El Templo del Recuerdo: La construcción del museo no es un detalle menor; será el lugar donde se custodien las glorias del Junior y las gestas de la Selección, convirtiendo al estadio en un destino turístico los 365 días del año.
La rapidez con la que las máquinas tomaron el control es el reflejo de una ciudad que no sabe esperar. Barranquilla entiende que para tener un estadio de 75,000 personas para conciertos y una casa de primer nivel para el fútbol, cada segundo cuenta. El Metropolitano no solo se está ampliando; se está reinventando para ser el orgullo de todo un país.