Barranquilla apuesta por la vivienda: ¿solución estructural o alivio temporal?

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La administración de Alejandro Char vuelve a poner la vivienda en el centro de su política pública con la ampliación del programa Mi Techo Propio. La promesa es ambiciosa: 2.500 nuevos subsidios en 2026 y una inversión cercana a los $100.000 millones para facilitar el acceso a vivienda VIP y VIS.

El mensaje es claro: la vivienda no solo es un derecho, sino también un motor económico. Según cifras del sector, Barranquilla ha registrado un crecimiento en ventas de vivienda del 58,39% entre 2024 y 2025, muy por encima del promedio nacional. Esto sugiere que la estrategia no solo está impactando a las familias, sino también dinamizando la economía local.

Sin embargo, surge una primera pregunta clave: ¿este crecimiento es sostenible en el tiempo o depende en exceso del impulso estatal?


Subsidios más altos, pero con retos

El nuevo decreto ajusta los montos de subsidios, con ayudas que pueden superar los $44 millones en vivienda VIP. Además, se mantiene el subsidio a la cuota mensual, un alivio directo que puede reducir significativamente el pago del crédito hipotecario.

En teoría, esto facilita el acceso para hogares con ingresos bajos y medios, especialmente cuando el 66% de los beneficiarios gana hasta dos salarios mínimos. Es decir, el programa está bien focalizado.

Pero el debate aparece en otro frente: ¿estos subsidios realmente garantizan acceso a vivienda o solo hacen más accesible el endeudamiento?


Impacto económico vs. dependencia pública

Uno de los argumentos más fuertes del Distrito es el impacto en el empleo. Por cada vivienda construida se generan más de cuatro empleos, lo que convierte al sector en un dinamizador clave.

Además, Barranquilla se posiciona como una de las ciudades líderes en construcción de vivienda en Colombia, acercándose a niveles de ciudades más grandes como Cali y superando a otras como Medellín.

Aun así, algunos analistas podrían cuestionar si este modelo depende demasiado de subsidios públicos para sostener la demanda. ¿Qué pasaría si estos incentivos disminuyen?


Vivienda: dignidad o estrategia política

El alcalde insiste en que la vivienda es “dignidad” y una herramienta para reducir desigualdades. Y es cierto: acceder a casa propia puede cambiar la calidad de vida de una familia.

Pero también es una de las políticas más visibles y rentables políticamente. Entregar subsidios y facilitar vivienda genera impacto inmediato en la percepción ciudadana.

Esto abre otro debate: ¿estamos ante una política estructural de largo plazo o ante una estrategia con alto rédito político?

El gran interrogante

Barranquilla muestra resultados positivos: más viviendas, más empleo y mayor acceso. Pero el verdadero reto será sostener este modelo sin depender exclusivamente del gasto público.

La pregunta de fondo sigue abierta:
¿es este el camino definitivo para cerrar el déficit de vivienda en Colombia o solo un impulso que necesita reformas más profundas?