
El Aeropuerto Ernesto Cortissoz se ha convertido en una vergüenza para Barranquilla. Una ciudad que crece rápido, atrae eventos internacionales, turismo e inversión, merece una puerta de entrada moderna y digna. Pero lo que los visitantes encuentran al llegar es todo lo contrario: un terminal viejo, con obras eternamente inconclusas, aire acondicionado que no funciona, problemas con las maletas y servicios básicos que fallan. Es una imagen que no se parece en nada al nivel de Barranquilla.
El alcalde Char dice basta
El alcalde Alejandro Char ha sido claro y directo: “El aeropuerto no se parece a Barranquilla”. Ha criticado fuerte al Gobierno Nacional y a la Aerocivil por el mal manejo. Dice que esto no es de ahora, lleva muchos años así. La gente llega, ve el desastre y piensa: “¿Esto es la entrada a Barranquilla?”. Char insiste en que la ciudad sabe administrar bien las cosas y que es hora de entregar el control (al menos el lado tierra: operación, mantenimiento y obras) al Distrito para terminar de una vez lo que falta.
¿Por qué tanto retraso?
Las obras de modernización llevan años estancadas. Primero con una concesión privada que falló y dejó deudas. Luego, desde 2024, la Aerocivil tomó el control directo e invirtió mucho dinero (más de $800 mil millones en total), pero los avances son muy lentos. A finales de 2025, solo había un 16% de progreso en algunas partes clave. Hay fallas del contratista, retrasos injustificados y problemas en climatización, ascensores, escaleras eléctricas y manejo de equipaje. Aerocivil promete entregar algunas cosas en mayo de 2026, pero no todo el proyecto. Para una ciudad como Barranquilla, que mueve más de 3 millones de pasajeros al año, esto es inaceptable.
Un ejemplo que sí funciona: el aeropuerto de Pereira
Mira lo que pasó en Pereira con el Aeropuerto Internacional Matecaña. Allí la ciudad asumió el liderazgo directo a través de una empresa pública municipal. En menos de dos años construyeron una terminal nueva: moderna, con mucha luz natural, paneles solares para ahorrar energía, parqueaderos integrados, pasarelas para aviones y más de 120 cámaras de seguridad. Hacen mantenimientos rápidos (renovaron la pista en solo 25 horas), tienen buena tecnología para vuelos y crecen fuerte. Es el aeropuerto principal del Eje Cafetero y un ejemplo de éxito cuando la administración local toma las riendas con eficiencia.
¿Qué pide Barranquilla ahora?
La Alcaldía ya mandó carta formal pidiendo asumir el control del lado tierra, basándose en leyes de descentralización. Propone incluso una operación conjunta con Aerocivil (ellos manejan el lado aire y el Distrito el resto). O, si no, que avalen una iniciativa privada que ya está en estudio. El mensaje es simple: Barranquilla no puede seguir con esta vergüenza. La ciudad crece, atrae mundo, pero su aeropuerto la deja mal parada frente a visitantes, inversionistas y hasta sus propios habitantes.
Es hora de que el Gobierno responda y decida: o entrega el control para que la ciudad lo arregle rápido, o explica por qué sigue condenando a Barranquilla a un aeropuerto que no está a la altura. Porque una ciudad como esta merece mucho más que un terminal que da pena ajena.