
Al menos 24 personas murieron y más de 50 resultaron heridas en un ataque con drones atribuido a fuerzas ucranianas contra un café y un hotel en la localidad de Jorly (Khorly), en la zona ocupada por Rusia de la región de Jersón, junto al mar Negro. El incidente ocurrió en la víspera de Año Nuevo, durante celebraciones civiles, según informaron autoridades prorrusas.
El gobernador instalado por Moscú en la región de Jersón, Vladimir Saldo, detalló en su canal de Telegram que el ataque se produjo poco antes de la medianoche del 31 de diciembre. Un dron de reconocimiento habría inspeccionado la zona previamente, seguido de tres drones que impactaron en el establecimiento, uno de ellos cargado con una mezcla incendiaria que provocó un intenso incendio. Entre las víctimas mortales figura un niño, añadió Saldo.
Medios estatales rusos como RT e Izvestia difundieron la noticia, destacando el carácter “terrorista” del supuesto ataque contra civiles reunidos para festejar el Año Nuevo.
Sin embargo, la información proviene exclusivamente de fuentes rusas y prorrusas. Hasta el momento, no existe confirmación independiente del incidente por parte de observadores neutrales, medios internacionales como Reuters, BBC o Kyiv Independent, ni autoridades ucranianas. Las zonas ocupadas de Jersón son de difícil acceso para verificaciones independientes, y en el contexto del conflicto armado, ambos bandos acusan frecuentemente al contrario de ataques deliberados contra civiles.
La capital regional, la ciudad de Jersón, se encuentra bajo control ucraniano desde noviembre de 2022, mientras que la parte sur de la región, incluyendo áreas costeras como Jorly, permanece ocupada por fuerzas rusas.
Este supuesto ataque se produce en medio de un intercambio intensificado de drones y misiles entre ambos países durante las fiestas de fin de año, con Rusia lanzando cientos de drones contra infraestructura ucraniana y Ucrania respondiendo con incursiones en territorio ruso.
El incidente, de confirmarse, se sumaría a la larga lista de víctimas civiles en un conflicto que entra en su cuarto año, donde la verificación independiente de hechos en zonas de combate sigue siendo un desafío constante.