
El panorama político en este arranque de 2026 es, cuanto menos, tenso. A pocos meses de las elecciones de mayo, Colombia parece atrapada en una pelea de dos extremos que genera tanto fanatismo como miedo. Por un lado, tenemos a Abelardo de la Espriella, que con su estilo de “mano dura” y su movimiento de firmas ha logrado captar a gran parte del voto de derecha que está cansado de la política tradicional. Por el otro, Iván Cepeda se mantiene firme como el heredero del Pacto Histórico, con un voto muy fiel que no se mueve a pesar de las críticas al gobierno actual.
La situación es complicada por tres razones principales:
- La derecha está partida en dos: Mientras De la Espriella va por su cuenta, otros líderes como Paloma Valencia y Juan Carlos Pinzón se están preparando para una consulta en marzo. El problema es que, si no se ponen de acuerdo, podrían terminar quitándose votos entre ellos y dejándole el camino libre a Cepeda en la primera vuelta.
- El miedo al “candidato extremo”: Muchos votantes sienten que están entre la espada y la pared. De la Espriella asusta a los moderados con sus propuestas radicales y su pasado polémico, mientras que Cepeda genera rechazo en quienes no quieren que el proyecto de Petro continúe otros cuatro años. Es la clásica historia de elegir “al menos peor”.
- El silencio estratégico en los medios: Aunque De la Espriella sigue fuerte en redes sociales y medios digitales, en este enero de 2026 se le ha visto menos en los grandes noticieros. Esto parece ser una mezcla de su propia estrategia para no desgastarse y el hecho de que los medios tradicionales están más enfocados en la pelea interna de los partidos que sí van a consulta en marzo.
En resumen, la moneda está en el aire. De la Espriella tiene el impulso de las encuestas, pero su falta de unidad con el resto de la oposición es un riesgo enorme. Si no logran armar un frente común después de marzo, el antipetrismo podría llegar fracturado a mayo, dándole una ventaja clave a Cepeda.